Inteligencia artificial en las ciudades: una IA al servicio de las personas

La inteligencia artificial está abriendo nuevas posibilidades para mejorar los servicios públicos, agilizar procesos y ayudar a las ciudades a tomar mejores decisiones. Pero, a medida que su uso se extiende, surge una cuestión igualmente importante: ¿cómo garantizar que esta tecnología se utilice de forma responsable y al servicio de las personas?

Esta reflexión ha estado muy presente en el reciente VI Congreso Smart City de la Red Española de Ciudades Inteligentes (RECI), celebrado en Málaga, que ha concluido con la presentación de la Declaración de Málaga, un documento que establece once compromisos para avanzar hacia una incorporación responsable de la inteligencia artificial en la gestión municipal.

Una IA que responda a necesidades reales

Las posibilidades de aplicación son numerosas. La inteligencia artificial puede contribuir a mejorar la movilidad, simplificar trámites, optimizar el uso de los recursos públicos, anticipar incidencias o facilitar la atención a la ciudadanía.

Pero una ciudad no se convierte en inteligente simplemente por incorporar más tecnología. El verdadero valor aparece cuando estas herramientas permiten resolver necesidades concretas y mejorar los servicios que reciben las personas.

Este enfoque ha sido también uno de los mensajes destacados por la FEMP durante el Congreso: la digitalización debe tener un impacto real en la gestión urbana y en la vida de la ciudadanía, independientemente del tamaño de cada municipio.

Transparencia, seguridad y supervisión humana

La incorporación de la inteligencia artificial a la gestión pública plantea también importantes desafíos.

¿Cómo se utilizan los datos? ¿Cómo se garantiza la transparencia? ¿Quién supervisa las decisiones tomadas con ayuda de un algoritmo?

La reciente Declaración de Málaga pone el foco precisamente en estas cuestiones. Entre sus compromisos se encuentran la protección de los derechos, la transparencia, la supervisión humana, la calidad y protección de los datos, la ciberseguridad, la formación de los equipos municipales y la cooperación entre ciudades.

El objetivo es aprovechar las posibilidades de la IA sin perder de vista la responsabilidad de las administraciones sobre las decisiones y servicios que afectan a la ciudadanía.

Tecnología al servicio de las personas

La evolución de las Smart Cities demuestra que la transformación digital va mucho más allá de desplegar sensores, plataformas o algoritmos.

El siguiente paso consiste en conseguir que estas herramientas se integren en la gestión urbana de manera útil, segura, transparente y responsable.

La inteligencia artificial tendrá cada vez más presencia en nuestras ciudades. El verdadero reto será conseguir que su desarrollo tecnológico avance acompañado de un objetivo claro: construir territorios más eficientes y sostenibles, pero también más humanos y orientados a las necesidades de quienes los habitan.